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Una curiosa tela pintada, dejando sólo
ver once pares de zapatos, pasa ruidosamente delante de nosotros,
colgada encima de pértigas floridas.
Algunos metros más lejos se abre, se divide en dos y se despliega
en el suelo enfrentando el coro de las mujeres al de los hombres
alrededor de un círculo rápidamente dibujado.
El ceremonial "indígena" puede empezar y nos hemos
vuelto en un instante los espectadores, sentados en el mismo suelo
en el corazón de la ciudad, en su linde o en plena naturaleza,
de un himno arcaico al amor, de un mito primordial y trágico
que data de antes de lo escrito.
A través de rituales serios o alegres, marcados por el gesto
o el grito, puntuados con algunas palabras esenciales dichas en
un lengua inventada y músicas con un salvajismo revisitado,
se evoca el rigor oscuro de la tradición que rige las relaciones
entre femenino y masculino.
Una joven y un joven confrontados de forma repentina con un amor
tan violento como imposible, precipitan por su rebelión a
cada uno de los miembros del clan en el estupor, el pavor o la interrogación;
las amenazas subterráneas que habitan el mundo primitivo
se cierran alrededor suyo; la noche llega poblada de pesadillas;
llevada a su límite, la joven heroína acepta simular
la muerte para escapar a la norma; su enamorado, quien no ha sido
avisado, se envenena; un último beso pondrá fin a
la vida de la joven...
Este paralelismo progresivo con la historia de "Romeo y Julieta"
pertenece sin duda alguna al humor de Delices DADA y sobre todo a la necesidad, afirmada por los dadaístas
y todavía actual, de divertirse con las obras reconocidas
o lo serio del arte con mayúscula.
Este enfrentamiento descabellado entre una obra literaria clásica
y un teatro basado sobre el sonido y el gesto no se limita, sin
embargo, a este difícil reto.
La acentuación que trae aquí
el universo primitivo despierta paradójicamente las preguntas
apremiantes que agitan nuestra época, aquellas mismas ocasionadas
por la oscilación entre modernidad galopante y refugio en
la tradición.
En el desenlace, nos preguntamos, sin embargo, si este único
argumento puede verdaderamente motivar esos "indígenas"
que nos invitan ahora a dejar el lugar de su ceremonial, si no hay
en ellos, en su inquietud, aquel día y aquí también,
de llevar a cabo esta representación una necesitad más
atemporal... la necesidad eterna de hacer
encontrar lo imaginario y la realidad.
Coproducción: Delices DADA, el Festival
Éclat de Aurillac, el Festival
Châlon en la calle, el Citron
Jaune d'Ilotopie, Lugar de creación en Aurillac - Festival
de Aurillac y en Port Saint Louis du Rhône en el Citron Jaune
d'Ilotopie.
Con la ayuda del Ministerio
de la Cultura y del ADAMI.
Agradecimientos al Teatro
del Fust por su cálida acogida en sus locales de Montélimar.
mail : alo@delices-dada.org
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